El día estaba gris, como mi vida. Podía escuchar las gotas de la lluvia mientras me encontraba apoyada en la ventanilla del auto. Por momentos una voz me susurraba al oído y era él, pero por alguna razón no le prestaba atención.
Me quedé en la misma posición, sin inmutarme cuando la noche ya acechaba a mi espalda. Fue allí cuando me di cuenta que la mirada perdida me definía. Sentía que algo faltaba para que el rompecabezas esté completo.
Esos momentos de lucidez me daban esperanza, pero luego escuché la lluvia y ya no sentía. Yo no sentía nada.
El chófer me abrió la puerta del vehículo y acomode levemente mi vestido negro. Bajé y caminé como autómata por varios minutos. Ya sabía lo que tenía que hacer, lo había repasado innumerables veces. Sonreír, saludar, escuchar, sonreír, saludar...
No quedaba de otra, mucho esperaban de mí y tenía que colmar expectativas. ¡No puede ser! De alma 'libre' a 'en pena'. a veces me preguntaba, ¿así sería siempre?¿Sonrisas falsas y halagos superficiales?¿Cuanto más podría aguantar?
Suspiraba cuando nadie me observaba y la sonrisa se apagaba lentamente y con recelo. Tenía que encontrar una inspiración, ¡pero ya!
Las velas con el tiempo se apagan. La luz se vuelve débil y le deja el paso a la oscuridad, eso era yo. Una vela a punto de apagarse. Y buscaba ser fénix cuando pequeña. Mi madre acariciaba mi rostro y me decía lo bella que era, terminando en un tierno beso en la frente. La amaba tanto... Ella era mi todo y aún así... Se fue. Para que me hiciste quererte tanto si ahora te vas cuando te necesito?!?!
Me haces suspirar tanto. Cierro mis ojos y veo tu dulce rostro. Una hermosa sonrisa se imprime en un bello paisaje, pero se quiebra. Me quiebro, me duele. Quiero retener las lágrimas para que nadie me vea, pero creo que ya es demasiado tarde y cubro mi cara con mis manos.
Se acerca un muchacho a mí, y no sé qué hacer
—Disculpa, ¿te puedo ayudar, linda? —me dijo intentando secar mis lágrimas.
Su voz hacia eco en mi mente. Ayuda? Yo no necesito ayuda...
Más halagos que son mentiras? No se si podría seguir fingiendo.
—Vamos, estoy aquí sin saber porqué —acariciándome el rostro — no te haré daño.
—¡Largo! ¡Sólo quiero estar sola! —sintiendo el lamento hasta el fondo de mi ser.
Ese dolor desgarrador otra vez, ese dolor como si mi alma quisiera escapar de mi cuerpo. Caigo al suelo bruscamente mientras las lágrimas escapan como bandidos. El muchacho se pone de rodillas para intentar levantarme suavemente, pero es en vano. Nos quedamos en el suelo y yo sigo sollozando. El aire se me va, siento que me asfixio, la presión en el pecho me está matando y los sollozos no paran. No sé que hacer.
Levanto la mirada y en los ojos de él veo a mi madre y a los tiernos besos que de niña recibía. Mis pupilas se dilatan, mi piel se eriza. Mis sollozos se vuelven suspiros, suspiros como los que ella me hacia dar. Suspiros. Y estoy inundada por una calma incomprensible. ¿Él, pero quién es?¿de donde salió? Sólo atino a mover la cabeza hacia los lados negando todo. Me quedé allí paralizada, sorprendida. Y el día estaba gris, pero en mi vida apareció un arco iris. Y la noche seguía acechando a mi espalda.
Y era así, no lo veía venir pero era hermoso. Habrá sido un mensaje divino o quizá una quimera. ¿por qué a mí? Si yo ya no confío. Y entonces sonreí, el fuego ardió, y el rompecabezas estaba completo.


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