Le pedí que escribiera una carta a mi familia, una carta de despedida, por así decirlo. Yo intenté, fue difícil, mi mano temblaba al tratar de plasmar lo que sentía, y las lágrimas maltrataban el incólume papel. Ella me miró con esos hermosos ojos azules y por cuarta vez me preguntó si estaba seguro, está vez mi respuesta fue positiva:
Madrid, 12 de julio de
1995
NO querida familia:
Para cuando tengan en
sus manos está carta, yo ya me habré retirado por la puerta falsa, por el
estrecho hueco del ratón. Si pude más, pero mis miedos y mi poco amor propio me
'vencieron'. Claro, digo que me vencieron entre comillas, porque nunca fue así,
y ustedes lo saben...bueno, no lo saben.
Nada me venció, sólo quise hacerme el valiente y demostrar que podía conmigo mismo, que era más fuerte y poderoso que yo. Está bien, soy un cobarde, fui un cobarde, por no tener la fortaleza necesaria para afrontar estos obstáculos, para no decir un 'te amo' a tiempo. Me perderé tus canas, tus preocupaciones por mí y esa sonrisa dulcemente cómplice, mamá. Papá, eres el gran padre que quise ser en el futuro, quise...soñaba con decirle a mis hijos 'ese es mi muchacho, me siento orgulloso de ti, campeón', y aunque ese 'campeón' suene algo desfasado, yo lo diría. Claro, ahora ya no puedo hacer nada, ustedes me están llorando, ¿derraman lágrimas?¿Y cuantas son?¿Son muchas? Es raro, lloran por alguien que les está haciendo daño en este momento, ¿es de pena o de colera esas lágrimas, mamá? Seguro llevas esa foto de cuando yo tenía 2 años, esa en la que salimos los dos juntos sonriendo. Ja, que delicia de vida y miren que no me casé, se los dije, les dije que no me casaría, ¿ven que cumplo lo que prometo? No lloren por mí, yo río en este momento, me estoy burlando de la reacción de ustedes en este precioso y bello momento. No, ustedes nunca me hicieron daño, ¿que por qué lo hago? Nose, creo que les niego la oportunidad de tener una vejez pacífica, sin conflictos internos. Ya saben, soy muy egoista y poco me importa su bienestar. Yo estoy bien, si claro, soy un cobar
Este es el momento en el que tu te quiebras, rompes a llorar y te autoeliminas, ¿lindo no?- le dijo la muchacha con voz cortante. El tomó la carta, la rompió hasta hacerla retazos insignificantes, abrazó a la muchacha de los ojos azules y no paró de llorar hasta que un 'te quiero' brotó de sus pálidos y cuarteados labios.


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