Le pregunté si quería ser mi novia. Despertó en mis brazos, brazos que tenía adormecidos. No sabía que hacer, no por los brazos, sino por tenerla a mi lado. Yo soplaba con dirección a su rostro, para así despertarla. Ella lentamente se iba despertando, una leve sonrisa me avisaba que había disfrutado, que se sentía feliz sintiendo mi respiración.

Nunca fui un muchacho introvertido, odiaba a los que eran un árbol entre la multitud. Recuerdo haber pasado muy buenas fiestas, en donde el alcohol era un buen aliado, un excelente aliado.  Era-si no me equivoco- octubre del 2007 y yo aún no tenía una pareja estable, debo admitir que eso ni me preocupaba, es más me hacía más feliz. Conocía mujeres, las besaba, tenía sexo, las olvidaba, volvía 
a conocer mujeres y el ciclo se volvía a repetir, una y otra vez. Esta, sin lugar a dudas, fue la etapa más activa para mí, tenía una buena racha en el sexo y un ego que me elevaba 30 cms del suelo.

Las mujeres venían a mí, no miento, se pegaban a mí por un 'poquito' de cariño. Debo aclarar que, en ese entonces, era el 'Maestro de la seducción' y podía tener no una ni dos, sino decenas de mujeres rendidas a mis pies al mismo instante. Inteligente, astuto y muy poético, tanto que me sentía asqueado de lo cursi que podía llegar a parecer. Ana era una niña para mí- dos años menor que yo- y es que yo me relacionaba mayormente con mujeres experimentadas, mayores. Anita, como le decía de cariño, se encargaba de recibir mis piropos 'reciclados', me estoy refiriendo a mi aprecio por compasión, ella era de los 'árboles' que mencioné lineas arriba. Pero, no crean que mi bondad era gratuita, Ana era la hija mayor de mi jefa, y si no quería perder mis privilegios en la empresa, pues tenía que 'flirtear' a Anita. De vez en cuando un 'Que bonita estás' o 'tu sonrisa me encanta', y suficiente, hacía volar a la pobre niña, ella no recibía ni los buenos días y con lo que yo le decía, mínimo sentía que flotaba excitada. No crean que Ana era desagradable, es más había sido modelo de rostro para unas marcas de cosméticos, pero...pero a mí no me llamaba la atención, ¿que podía hacer yo con una mujer que aún no sabía jugar con sus labios? Con una mujer que no me podía aprisionar con sus piernas, por el simple hecho de no saber cómo hacerlo.

Una  noche, a pedido de su madre, la invité a salir, ella era tan inocente que me propuso ir al cine, yo acepté. Yo había llegado a su casa y la llamé para que saliese, la estaba esperando en el coche:

Yo: Sube...Estás muy hermosa- le dije dándole un beso en la mejilla

Ella: Gracias, tú también- esbozando una enorme sonrisa 

Yo: ¿Dejando de usar pantalones? -Mirándole la falda y las piernas descubiertas

Ella: Fui con Isabella, una amiga, al mall

Yo: Pues, así te va muy bien -animándome a rozar y abrir sus piernas con mi mano 

Ella: Si, bueno - agachando la cabeza 

Yo: ¿Estás segura que quieres ir al cine? Podemos saltarnos esa parte - separando más su piernas

Ella: Si, ya casi está por comenzar 'No se cual película romántica-tonta que pasan por el cine'. Vamos ya! - Cerrando las piernas y evitando darme chance para continuar 

Yo: Bueno vamos...

La historia es muy larga, y yo, Andrei Bell, me niego a contar más de ella. Ya que ustedes han podido hacer una imagen de lo que les he ido contando, ¿por qué no crean lo que viene a continuación? El final de mi narración se encuentra al inicio.

 Ahora ustedes son los protagonistas.