Me levanto y veo a esa mujer a mi lado, le doy un abrazo y me levanto para dirigirme a resolver mis asuntos. Una ducha de agua caliente, un vaso de leche con canela y unos wafles muy sabrosos preparados por las delicadas manos de tan bella mujer son todo para mí. Tengo que salir y como mi coche se ha quedado sin batería ella decide llevarme  a mi punto de destino —yo la quiero mucho—, la contemplo en el camino y ella me acomoda el cabello sistemáticamente; me recuesto un rato en el respaldar del coche y me pongo a mirar mis manos por un rato, hasta que me quedo dormido. Un beso tierno en la mejilla me despierta, me despido y con almuerzo en mano me dispongo a entrar a mi trabajo.

 Todos están impacientes, corriendo de un lado a otro, vociferando, otros peleando y unos cuantos callados y mordiéndose las uñas en un rincón del Hall (esto parece Wall Street). Yo, con mi peinado de hombre de negocios y mi vestimenta formal decido ubicar a los intelectuales para poder debatir un buen rato sobre temas que atañen a la sociedad; llevaba un buen rato buscándolos hasta que los encontré, logre distinguirlos porque lograba oír a lo lejos palabras coherentes y  fluidas. No me equivoqué y con dichos señores tuvimos una conversación alturada que abarcaba todos los campos académicos, además de la amabilidad que ostentaban con sumo orgullo. Una señora llega al Hall y nos pide orden, todos en silencio a lo que yo digo dentro de mí: 'esa señora debe tener mucho poder en este lugar', nos habla con mucha calma, lo cual logra captar nuestra atención por un buen rato, además es una mujer muy bonita e inteligente. Luego de unas horas y debates suena un timbre, debe ser la hora de salir del establecimiento, porque nuevamente los señores vuelven a impacientarse para dirigirse a la entrada, yo camino  suave y lento hacia la puerta de ingreso ¿y quién ésta afuera? La linda y bella mujer haciéndome una seña para irnos en su coche a casa, camino a paso acelerado y le doy un beso en la mejilla. Nuevamente la contemplo y esta vez le cuento como me fue en el primer día de labores, ella está feliz de verme feliz y eso me hace doblemente feliz.

 Antes de llegar a casa pasamos por una sanguchería(cada vez hacen más pequeñas las McHamburguesas), conversamos por mucho rato, ella por primera vez me hablaba de como era su vida antes de conocerme, de la persona más  especial que tenía a su lado antes de mí y lejos de molestarme me sentía muy feliz de saber más de él. Me contó de su niñez haciendo comparaciones de su vida con la mía, me habló de cómo eran sus padres-ellos a mí me adoran como si tuviésemos un vínculo sanguíneo-, también recuerdo que me habló de sus trabajos y proyectos a futuro. Bueno, fue un momento sumamente especial...terminamos de comer nos tomamos de la mano y nos dirigimos al automóvil. Ya parados al lado del coche le pregunte si podía conducir de regreso a casa, a lo que ella respondió con un rotundo 'NO', le insistí un par de veces y la respuesta final fue:  ' tú no puedes manejar este tipo de coches, mi amor', yo la mire triste y muy desilusionado, le dije: mami, tanto que yo te quería.