Las palabras acuden a mis labios
unas transitan con sutileza
otras reptando van a la cima
de los desbarrancados besos.

Se posan en los surcos agrietados
del desierto de mis deseos,
se funden en el cénit
del fuego vivo
solar.

Salar
que es vertido
en horizonte celeste
conjugado con las llamas
de mis ideales convertidos en oro.

Agridulces palabras en piel
son el céfiro de mi silencio
que se desviste entre oleaje 
de suave marea de verso esbozado.