Julia vivía enamorada de Carlos, su vecino, ellos se conocen desde que Julia nació. La diferencia de edad entre ambos bordea la década, Carlos ha cargado,cuando bebe, a Julia y la quiere como una hermana menor. Cada mes las familias hacen una reunión para recordar el buen trato que han tenido en lo largo de la convivencia vecinal, en esta oportunidad existe una celebración especial, Carlos se ha comprometido con su novia, con la cual lleva dos años y medio de relación sentimental. Julia está en la flor de su juventud, ha dejado de ser esa niña de pobres proporciones físicas y acné en el rostro y se ha convertido en una adolescente de piel lozana, curvas descomunales y de bustos bien torneados. No obstante, eso no saca de foco a su vecino, quien aún la sigue tratando como a la misma niña que conoció, el se considera incapaz de ver a la dulce Julia con ojos lujuriosos-sus amigos le metían ideas en la cabeza-, el solo hecho de ver a la adolescente con diminutas prendas por la calle le incomoda, hasta el punto de mandarla a su casa a vestirse como una "señorita". En fin, llegado el día de la celebración Carlos llevó a su flamante prometida a la reunión "familiar"-en casa de la familia de Julia-, la presentó ante todos como su futura esposa, recibió abrazos y felicitaciones de parte de la familia de Julia y de la propia, pero Carlos no se sentía totalmente a gusto, sentía que algo le faltaba...la pequeña Julia no estaba presente. Apenas se dio cuenta de ese pequeño-gran detalle fue directamente al dormitorio de la susodicha, excusándose con todos, sin tocar la puerta de la habitación irrumpió. El cuadro que observó lo sorprendió mucho, Jules-como le decía Carlos-estaba acostada boca abajo llorando desconsoladamente, vestía solo una camiseta ceñida al cuerpo y un culotte de corazones. Carlos no entendía porque tenía una erección al ver en esa pose a la jovencita, la mirada de ternura hacia ella se tornó libidinosa, de deseo, de querer poseerla, escasos segundos después entró en razón y se acercó a Julia para consolarla. Se sentó al borde de la cabecera de la cama para hacerle masajes oscilantes en los cabellos desordenados , mientras ella sollozaba con mayor intensidad, Carlos como por instinto bajaba la mirada constantemente y notaba como las nalgas de Julia chocaban entre si en medio de cada alarido, no despegó la mirada de los redondos y erguidos gluteos de la muchachita, entre la envergadura de la excitación Carlos introdujo la mano libre en uno de los bolsillos de su pantalón y comenzó a frotarse la rigidez (como si se tratara de lámpara de Aladdino). La nena seguía lamentándose, sus nalgas rebotaban con mayor rapidez y Carlos pasaba saliva a cada instante, tratando de controlarse para no cometer una locura. En eso se escucha un "abrázame", a lo que Carlos pone a Julia de lado, acostandose previamente y rodeándola por detrás, con total desparpajo colocó su miembro en medio de las firmes y sinuosas nalgas de Jules y dándole besos en el hombro izquierdo y por toda la extensión del cuello la aferraba más y más a su cuerpo. Ella le preguntó porqué se iba a casar "¿es que acaso no me quieres?"-le increpó, el sin dar respuesta a la bella joven ni resolver a medias su interrogante se frotaba contra ella en un ritmo casi imperceptible, pero sensitivo. La joven por momentos tenía contracciones en la zona posterior que aprisionaban al "pequeño compañero", que de por si estaba muy feliz y contento en dicha ocasión, por otro lado la mente de Carlos trataba de evadirlo y en un impulso empujó a la señorita, la miró fijamente a los ojos y le dijo que la quería mucho[salió raudamente de la habitación]. Un momento más tarde la joven se dirigió al "Living"(vestida para el caso), tal vez para disculparse, tal vez para reclamar, pero nulo fue su intento al observar a la "futuro esposa" siendo consolada por la familia del novio y gritando "Carlos ¿porqué me dejaste?".
0 Comentarios