No sabe si quedarse en el bar o irse, se siente frustrado. Se acerca a la barra, se sienta y pide al barman un Martini doble, está desolado. Mira su reloj, toma en trago, pide otro, quiere gritar con todas sus fuerzas. Ha bebido en demasía, por lo que le piden que abandone el bar, se encuentra en un estado deplorable-se tambalea buscando la salida del establecimiento-, el muchacho con la gracia de Dios logra tras sortear varios obstáculos llega a su mansión. Este cae rendido en un diván de la primera planta de su fastuoso hogar-imposible le era llegar a su habitación ubicada en el tercer piso-, una criada que se percato de su llegada lo cobijó con un edredón de pieles exóticas. Son las catorce horas y el muchacho se digna a abrir los ojos, saborea sus labios, tiene un dolor de cabeza tremendo-los estragos de la borrachera también lo sufren los ricos- se levanta del diván aun con los ojos entreabiertos y pide a una de las siervas que le prepare el jacuzzi, mientras él se dirige a la cocina-comedor para saquear los enseres del enorme refrigerador. Se encuentra con el torso desnudo, una dulce y suave voz se oye detrás de él diciéndole “cúbrete o te resfriarás”-era su madre-, no parece prestarle atención y sigue con el banquete, su madre con el rostro compungido abre la conversación:





Madre: Hijo ¿Qué te está sucediendo?- con tono maternal
Hijo: No es de tu incumbencia madre, céntrate en tus propios problemas
Madre: Tu eres parte de mí, cariño- se voltea y una lágrima resbala por su mejilla
Hijo: Ya soy mayor de edad y tengo el control de mi vida- con tono desafiante
Madre: Harry, hijo, recuerda que siempre contarás con mi apoyo.

----Silencio total----

Los días pasaban, la calma (parcial) llegaba a puerto y Harry continuaba con la ardua labor de manejar el “conglomerado Delaware”, el muchacho-un viernes del mes pasado- tenía una junta muy importante con una empresa transnacional dedicada al mismo rubro, acude a ella para cerrar un trato millonario de intercambio. Pide entrar con su abogado-para ver el aspecto legal-, se dispone a acomodarse en un asiento e insta a que le presten atención, levanta la mirada y se da con enorme sorpresa de ver a la bella muchacha que tiempo atrás lo rechazó en el bar, baja la cabeza y se queda callado, no puede articular palabra alguna por la vergüenza […], ella nota la incomodidad de Harry y empieza con el dialogo, poco a poco se fue soltando el muchacho y terminó por hacer una excelente presentación. La agraciada joven, al término de la junta, le ofrece unas felicitaciones por la magnífica exposición y por firmar el trato; empero, Harry no se siente conforme del todo, por lo que ve a los ojos a la joven y le pide las disculpas del caso por el bochornoso incidente pasado. Ella calmando al pequeño Harry le dice que no se preocupe, que todo está en el olvido, el chico- más sereno en ese momento- le agradece por su deferencia, mete la mano en el bolsillo y saca la tarjeta que se le había caído a la joven en el bar y ella sonríe- él la había guardado con recelo, más no tuvo la valentía de llamarla-, en ese instante la invita a cenar a lo que ella accede. Llega la noche, Harry perturbado pasa a recoger a Tatiana-la bella joven-, llega a casa de ella y la observa… con un vestido hermoso de seda, el cabello recogido, labios capulí, ostentosas joyas[…]. El muchacho no lo puede creer, el chofer le abre la puerta de la limusina y hace el ademán para que ella en ingrese en el vehículo… Continuará.